

Tras el aciago fin a la 'era Imbroda', el Caja San Fernando dio un giro radical a su política deportiva con la contratación de Marco Crespi, un italiano con fama de duro llegado en teoría para arreglar un vestuario viciado y con un aire nuevo. El club le diseñó en la parcela deportiva el equipo que el técnico quería tener, con el epicentro de dos exteriores, Brewer y Granger, con los que logró su único éxito como primer técnico (el ascenso a la Lega del Biella). Con ellos llegaron Hansell, Guarasci, Beard y Salva Guardia, mientras que Kornegay fue vendido a Unicaja Málaga por una buena cantidad económica.
Los métodos de Crespi desde el principio chocaron y sus excentricidades no lograban desviar el mal rumbo de una plantilla mal construida y peor dirigida, y que se encontró además con diversos problemas como la grave lesión de Guarasci o los continuos problemas físicos de Cattalini o Beard, con lo cual los cambios de jugadores no dejaron de producirse: luego llegaron Thierry Gadou, Dioumassi y Diego Fajardo, en tanto que marcharon Hansell y Granger.
El cuadro cajista comenzó con altibajos pero pronto se regeneró para completar una magnífica primera vuelta que le metió en la Copa. Allí, en Vitoria, el equipo cayó en cuartos ante el Barcelona pese a dar la cara con magnífico encuentro. En la competición liguera, demasiada fragilidad a domicilio y un juego errabundo motivaron que el equipo volviera a finalizar duodécimo sin pena ni gloria. En lo institucional, José Luis Luna accedió a la presidencia del club en marzo en sustitución de José Antonio Parra, que había cesado en sus funciones en diciembre, dando paso a una nueva etapa.


